NanoMundo > Culturas > Literatura > Sínide: La Mujer que habla
Inicio Entre Paises Nacionalidades Ciudades Comunicación En Sociedad Opinión Contacto
literatura

RELATO

LA MUJER QUE HABLA

JULIO, 2007
Desconocido/a

Es un día cualquiera en un vagón de metro cualquiera. Ella se sienta para poder seguir enfrascada en su libro, en una lectura que la mantiene a salvo de miradas cansadas y vacías, de caras de metro, de alientos contaminados y desconfianza en el tacto. Es una novela fácil, de entretenimiento, una de ésas de suspense templario. Prefiere dejar sus lecturas importantes para esos momentos de antes de dormir con la luz de la mesita de noche haciendo de candil a los pensamientos más profundos. Pero ahora ha conseguido un asiento y sin mirar a nadie abre el libro por el marca-páginas y mira hacia abajo. “Qué bien, he podido sentarme. He conseguido sentarme, y todavía voy por Príncipe de Vergara”. Ese asiento es recompensa a su estrategia. Ella sabe. Cuando se sube al vagón y todos los asientos están ocupados, ella va directa a la puerta que separa un vagón de otro, y se apoya allí. Le da igual si molesta a alguien que tiene que cambiar la postura de las piernas para dejarle un sitio. Le da igual. Y a la primera parada en que se baja alguien que ha estado sentado en ese grupo de asientos, entonces rápido y sin mirar a nadie, ella se sienta. Abre el libro y no mira a nadie. No mira quién ha subido, no vaya a ser que sea una persona mayor o un ciego o alguien necesitado de su asiento. Porque su conciencia no le dejaría seguir sentada y tendría que cederle el puesto. Pero no mira a nadie y está a salvo de los demás.
Pero este día cualquiera de una vuelta del trabajo cualquiera, cuando por fin ha conseguido el asiento y cuando más enfrascada está en la trama novelesca de su libro, ha tenido la suerte de que la mujer que habla se ha sentado a su lado. Han sido sólo unas milésimas de segundo las que sus ojos se han encontrado cuando la puerta ha hecho más ruido de la cuenta y ella, sorprendida, ha levantado la vista hacia la derecha mirando la puerta que chirría. Sólo unas milésimas de segundo en que la mujer que habla ha podido ver a quien tenía al lado y entonces, sin otro motivo más que ese cruce de miradas de sorpresa mutua, ha empezado a hablar.

-Es que yo le he dicho a Paula que no se preocupe. Que aunque falte dinero en la caja, que el jefe sabe que no ha sido ella. Pero ella, venga a llorar, así que nada, allí que voy a ver si puedo consolarla un poco.

Su tono de voz es intenso y agudo.

-Y claro hoy estoy muy cansada, porque ésa es otra. Cómo es posible que me llamen esta mañana a las siete para decirme que Rosa no viene y que tengo que ir a sustituirla. Y tengo que entrar a las ocho. Ya te digo, tener que arreglarme rápidísimo y coger el autobús, que además ha tardado un montón. Claro que cuando me ha llamado llorando, yo le he dicho que no se preocupase, que en cuanto saliera de la fábrica iba a verla.

¿Por qué ella ha dejado de leer y se sorprende a sí misma mirándola, escuchándola y haciéndole saber que le está escuchando? ¿Y por qué motivo, qué le ha llevado a incluso interesarse por la conversación?

-¿Pero es mucho dinero el que falta?

-No sé, creo que son 24 euros pero es que no es la primera vez que pasa. Y yo que conozco a mi amiga, joder si la conozco, sé que ella no ha quitado ni un céntimo. La pobre es que también está sola y entonces es mucho más difícil.

-¿Dónde trabaja?

-En una tienda. Lleva ya varios meses y la otra vez el jefe le dijo que no se preocupara pero que ahora le pase otra vez...

La mujer que habla se ha quedado callada, pero ella, que ya ha optado por cerrar el libro tiene la curiosidad de saber más, de meterse en esa vida y esa historia.

-Y bueno, a lo mejor cuando ha ido al almacén alguien ha robado y por eso no salen las cuentas, ¿no?

-Pues no sé, cuando yo estoy con ella en la tienda y tiene que bajar al almacén me quedo vigilando, pero lo más seguro es que se haya equivocado en las cuentas.

-¿Y de qué es la tienda?

-Es una zapatería. Y no veas lo que ha tardado el autobús. Es que es una vergüenza, porque ese autobús es el que han puesto por haber cerrado la línea de metro y había un montón de gente esperando.

En ese momento la mujer que habla deja de mirarla y levanta la vista al frente. La chica del libro le sigue la mirada y se encuentra con la de dos señoras que como ella también están escuchando atentamente lo que cuenta. E incluso en lo del tema del autobús reflejan aprobación y acuerdo con las palabras de la mujer que habla. Es entonces cuando parados en Banco de España el altavoz del tren informa de que estará en esa estación quince minutos. Es ahora el hombre que esta a la izquierda de la chica del libro el que toma la palabra.

-¿Ves? Es como lo de tu autobús. Esto es un desastre, así no se puede. Yo antes tardaba 35 minutos en llegar a casa, ahora tardo casi una hora.

Y la mujer que habla le mira fijamente, como si le hubiera molestado que le quitara la exclusiva de ser la única que habla y sigue con su soliloquio.

-Pues es lo que yo le he dicho a ella, que no sabía cuanto iba a tardar, que el metro está fatal. Y ella venga a llorar. Aunque yo no creo que la despida porque su jefe es bueno. Ojalá fuera mi jefe, se lo cambiaba por la mía.

Y suelta una tremenda carcajada que hace sonreír a la chica del libro, al hombre de la izquierda y a las señoras de enfrente. Pero sólo sonreír. Ninguno se siente lo suficientemente cómodo como para reír abiertamente. Y sin pasar los quince minutos anunciados el tren cierra las puertas y vuelve a hacer ruido. La mujer que habla se levanta.

-Yo ya le he dicho que seguro que no la despiden, que ahora llegaba yo, en cuanto saliera de la fábrica. Y eso que hoy no me tocaba trabajar, pero no sé qué le ha pasado a Rosa.
Se abren las puertas del metro y la mujer que habla sale, sin despedirse, soltando otra carcajada sonora. Las señoras de enfrente mueven la cabeza con media sonrisa en la boca.
Ella vuelve a su libro, pero sin poder concentrarse demasiado. ¿Qué pasaría si todos en el metro fuesen la mujer que habla o el hombre que habla? A lo mejor ya no necesitaría más libros estúpidos para escabullirse de las miradas aburridas y escrutinadoras de los demás. A lo mejor ella misma podría contar los problemas del día, los avatares de un día cualquiera de un trabajo cualquiera. Y entonces sin darse mucha cuenta mira al chico que se ha sentado a su lado en el asiento vacío que ha dejado la mujer que habla.

-Pues hoy he tenido un buen día, ¿sabes?

Subir Volver a Culturas Inicio Versión para imprimir (PDF)
Versión para imprimir (PDF)
Volver a Culturas
Volver a Literatura
metro
logo Nahuel
Chica en el metro
Creative Commons Riccio: "il colore del ricordo inganna"
underground
logo Nahuel
hombre en el vagón
Creative Commons JorG Etílica: "The metro way"
 
Vagón
Creative Commons MnGyver
 
 
Sitio creado por NANOMUNDO.COM ||| Licencia Creative Commons Creative Commons